Yo tenía de pequeña un cinexin, que proyectaba sobre la pared del hall cuando apenas llegaba al metro-veinte... De pequeña tenía también un xilófono de colores; me recuerdo en el cuarto del fondo que fue la primera habitación de Belén y después el cuarto de juegos de las dos. En aquel lugar jugamos a Legos, cuyas piezas robaba para hacer los mejores diseños destinados a simpáticos muñecos cuadrados.También había en casa una máquina de escribir, jugábamos a oficinas. Con la tabla de planchar supimos improvisar el mostrador de una tienda y cuando la grabadora llegó a casa, Belén sacó a relucir sus dotes periodísticas en el cuarto que fue primera habitación de juegos y que recuerdo con estanterías llenas de infancia y dos sofás de color verdoso y anaranjado.
Todavía recuerdo todos los muñecos, los más blanditos, los más gastados, los más viejos... Y casi todos sus nombres... Todos. Me pregunto qué habrá sido de ellos, nadie indagó en qué lugar de entierro había decidido para la colección ni si había decidido desterrarlos. El caso es que acabaron muriendo pero los recuerdo a menudo.
Hay muchas anécdotas, que relaciono con conversaciones literales, que ocurrieron en lugares, que tenían olores que guardo en el cerebro y colores que albergo en la retina.
Entonces todas las cosas de la casa me parecían más altas y más grandes... Y también más nuevas.
Hoy no tengo muñecos, tengo en su lugar mucha infancia dentro. No tengo tampoco piezas de lego, pero sé encajar cada día mejor las situaciones... Y tampoco tengo cinexín, aunque hay quien hace de proyector.
No tengo a Belén en casa, pero está aquí dentro, donde los muñecos y los legos... Y los recuerdos más bonitos.
